Freak Bikes
American Toys
Freak Bikes
La invasión de los monstruos de dos ruedas.
Las mutaciones son parte del mecanismo evolutivo de las especies. Al fin y al cabo, las primeras mountain bikes de Gary Fisher, Tom Richey y Joe Breeze eran cuadros tuneados a golpe de sierra, soplete e imaginación. Pero no siempre las mutaciones persiguen el objetivo darwiniano de la adaptación al medio. En otras ocasiones, atrofia, distrofia e hipertrofia sirven como formas de expresión artística y lúdica para el doctor Frankestein que muchos llevamos dentro.

A lo largo de la geografía americana, encontramos varios grupos de freak bikers, a cual más disparatado e hilarante, como Cyclecide (ciclocidio) de San Francisco, Rat Patrol de Chicago, C.H.U.N.K. 666 de Portland, Black Label de Nueva York, Frankenbikes de Salt Lake City o Dead Baby Bikes de Seattle. Periódicamente, estas agrupaciones convocan rodeos, derbies, concursos de (in)elegancia, justas medievales y otros inusuales y divertidísimos eventos. Algunas reuniones han alcanzado ya cierta estabilidad y renombre, como el Pedal Monster or el Bike Kill, pero, en la mayoría de las ocasiones, la tribu underground de los freak bikers utiliza festivales artísticos al aire libre, como el Burning Man, o grandes kedadas, como los Critical Mass para transmitir al mundo su mensaje dadaista, iconoclasta y revolucionario.

Es tarea muy difícil clasificar y resumir el bestiario de las freak bikes, el cual parece sacado de la taberna de Mos Eisley de la Guerra de las Galaxias. Mejor pasemos a describir algunas de mis favoritas: la Chupacabras, dotada de garras que se mueven con cada pedalada y de fauces que se abren, se cierran y arrojan llamas (gracias a un quemador de propano); la Golden Gate Bike, modelo pedaleable a escala del famoso puente; la Space Bike, única bici dotada de motor a reacción (en realidad dos sopletes modificados); la OverKill, chopper dotada de una rueda de coche deportivo en la parte trasera y de una horquilla de casi dos metros; la Rail Rider, capaz de circular por las vías de tren; la Spanking Bike, que nos da un ¿placentero? azote en el trasero con cada giro de rueda; la Mousetrap, dotada de bisagras en la parte central del cuadro que permiten a las ruedas delantrera y trasera seguir trayectorias independientes; y la Sky High, cuyo sillín está situado a más de cuatro metros del suelo.

Espero que este descenso a los ámbitos más underground y disparatados del ciclismo sirva para recordar que, en esta época en la que las bicis clónicas abarrotan los hipermercados, todavía hay quienes se divierten fabricando, montando y exhibiendo sus propios juguetes. No lo olvides: a menudo, lo que de verdad importa es pasar un buen rato.
No hay dos freak bikes iguales, así que no podemos ofrecer ni ficha técnica ni valoración.

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